Con una inversión total de $1.246.171,22 durante 44 meses (66% aportado por FIEDS), este proyecto impulsó el desarrollo integral de comunidades del Biocorredor Estuario del Río Portoviejo, combinando fortalecimiento productivo, conservación ambiental y gobernanza territorial.
La inversión per cápita fue de $573,22, logrando incrementos significativos en los ingresos anuales: 52% en la cadena de sal artesanal, 97% en arroz ecológico y 73% en turismo comunitario. En conjunto, se alcanzó un incremento promedio ponderado del 72%, superando la meta inicial del 68%.
En el ámbito productivo, se fortalecieron tres cadenas (sal, arroz ecológico y turismo comunitario) bajo un enfoque de paisajes sostenibles. Se construyeron y equiparon infraestructuras clave como senderos elevados, muelle, museo arqueológico comunitario Japotó, espacios de comercialización y servicios turísticos en cuatro comunidades. Además, se implementó un centro de acopio y procesamiento de sal, junto con una bodega, beneficiando directamente a organizaciones locales.
La producción de arroz ecológico alcanzó 52 hectáreas con mejoras en la productividad, mientras que dos organizaciones lograron comercializar de forma asociativa con incrementos de precios superiores al 50%. Se acreditaron 14 guías turísticos locales y se desarrollaron seis marcas territoriales, varias de ellas ya registradas, posicionando la identidad productiva del biocorredor.
El proyecto también fortaleció capacidades locales: 378 pescadores fueron capacitados en prácticas sostenibles, cinco organizaciones actualizaron su situación legal y mejoraron su gestión interna, y se construyó un galpón de eviscerado de sardinas con capacidad operativa significativa. Destaca además la participación de mujeres (44% del total), quienes fortalecieron su acceso a medios productivos y aumentaron su presencia en cargos directivos, alcanzando el 63%.
En el componente ambiental, se logró la creación y registro del Área de Conservación y Uso Sustentable Comunitario (ACUS) del Estuario del Río Portoviejo, consolidando una herramienta clave para la protección de ecosistemas como manglares, playas y salineras. Este proceso incluyó la elaboración y socialización de su plan de manejo, así como campañas de sensibilización que involucraron a diversos actores mediante actividades educativas y comunitarias.
Finalmente, el proyecto consolidó la Mesa de Trabajo del Biocorredor como un espacio efectivo de gobernanza territorial. Se realizaron seis encuentros con amplia participación de actores públicos, privados y comunitarios, ampliando la articulación de 10 a 23 actores activos. Además, se establecieron 13 alianzas estratégicas que fortalecieron tanto las cadenas productivas como las acciones de conservación.
Este proyecto demuestra que es posible articular desarrollo económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental mediante un enfoque territorial participativo y colaborativo.

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