Este proyecto tuvo como objetivo fortalecer la gestión territorial sostenible en tres biocorredores de la región Costa (Manabí y Santa Elena), mediante la implementación de un equipo de soporte técnico enfocado en procesos de monitoreo, evaluación y articulación de actores. La intervención se centró en consolidar modelos de conservación, producción sostenible y gobernanza participativa, integrando a diversos actores del territorio.
Uno de los principales logros fue la articulación de 63 grupos de actores, incluyendo gobiernos locales, organizaciones comunitarias, universidades, ONG y cooperación internacional, quienes participaron activamente en mesas de trabajo y acciones territoriales. Esta amplia participación permitió fortalecer sistemas de gobernanza inclusivos, reflejados en la generación de alianzas estratégicas y en la toma de decisiones compartidas para la gestión de los biocorredores.
En términos ambientales, el proyecto contribuyó a la conservación y manejo sostenible de ecosistemas clave: 1.282 hectáreas de manglar, 1.138 hectáreas de bosque seco y 25 hectáreas de bosque húmedo. Estas acciones favorecieron la protección de al menos 30 especies de biodiversidad, evidenciando avances en la recuperación de la conectividad ecológica y la resiliencia de los territorios.
A nivel productivo, se impulsó el desarrollo de 8 productos con identidad territorial y la creación de 3 marcas, fortaleciendo las economías locales bajo un enfoque sostenible. Estas iniciativas vinculan la conservación con oportunidades de generación de ingresos, consolidando modelos de desarrollo territorial más equilibrados.
En el biocorredor Estuario del Río Chone, se fortaleció el turismo comunitario mediante la construcción de infraestructura (cabañas restaurante y equipamiento como kayaks), junto con acciones de restauración ambiental, incluyendo la reforestación de manglares y la siembra de más de 29.000 plantas nativas. Se promovió además la implementación de 25 fincas integrales y la creación de la marca “Cordillera del Bálsamo”, consolidando la identidad territorial. Destaca la articulación entre organizaciones del estuario y del humedal La Segua, fortaleciendo la conectividad ecológica.
En el biocorredor Estuario del Río Portoviejo, se avanzó en la conservación de manglares, el manejo sostenible de áreas salineras y la recuperación de especies como el cangrejo azul. Asimismo, se fortaleció el Comité Intercomunitario de manejo del área protegida y se impulsó la marca “VidaSAL”.
Por su parte, en el biocorredor Chongón Colonche se desarrollaron amplios procesos de reforestación en cuencas y microcuencas, junto con la implementación de más de 300 fincas integrales. También se reforestaron manglares en Santa Elena y se promovió la marca “Mi Canasta Campesina”.
En conjunto, el proyecto consolidó un enfoque territorial que articula conservación, producción sostenible y gobernanza, fortaleciendo capacidades locales y generando impactos ambientales, sociales y económicos sostenibles en los biocorredores de la Costa.

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